Experimentar un ciberataque ya no es un escenario excepcional. Las empresas, los profesionales independientes e incluso las administraciones públicas se enfrentan cada vez más a incidentes de seguridad que pueden afectar los datos, las operaciones, la reputación y la continuidad del negocio.
Ante esta situación, surge una pregunta recurrente: ¿es mejor revelar el incidente o intentar gestionarlo de manera discreta?
La respuesta es clara, tanto desde el punto de vista legal como desde la perspectiva de la gestión reputacional: ocultar un incidente rara vez protege a una organización y puede agravar seriamente sus consecuencias.
Primer paso: Contener, analizar y documentar
Antes de cualquier comunicación externa, la prioridad técnica es clara: contener el incidente, preservar las pruebas y evaluar su alcance. Esto implica aislar los sistemas afectados, activar los planes de respuesta, recopilar registros, identificar los vectores de ataque y determinar si se ha producido una exfiltración de datos o un impacto operativo.
La documentación precisa del incidente será esencial tanto para la recuperación técnica como para posibles auditorías regulatorias, reclamaciones legales o la activación de pólizas de seguro cibernético.
El marco legal europeo y francés a menudo requiere notificación
En Europa, el Reglamento General de Protección de Datos establece que cualquier violación de datos personales que suponga un riesgo para los derechos y libertades de las personas debe ser notificada a la autoridad competente en un máximo de 72 horas desde que se tiene conocimiento del incidente. En Francia, esta autoridad es la CNIL.
Además, la Directiva NIS2 y la legislación francesa sobre seguridad de las redes y sistemas de información amplían las obligaciones de notificación a las empresas consideradas esenciales o importantes, incluidos los sectores de tecnología, salud, finanzas, energía, transporte y los proveedores de servicios digitales.
El incumplimiento de estas obligaciones puede dar lugar a sanciones financieras significativas, auditorías obligatorias, restricciones operativas e incluso responsabilidad civil si se causa algún daño a terceros.
Sanciones por ocultar incidentes
Las sanciones varían según la gravedad y el tipo de infracción, pero en materia de protección de datos pueden alcanzar porcentajes significativos de la facturación anual global. Más allá de la multa en sí, ocultar un incidente suele dañar la confianza de clientes, socios e inversores una vez que finalmente se conoce, lo cual ocurre con frecuencia.
Desde una perspectiva regulatoria, el intento de ocultamiento puede considerarse un factor agravante, especialmente si existía la obligación legal de informar o si la comunicación se retrasó deliberadamente.
Cuando la ley exige claramente la divulgación
En términos prácticos, existen tres escenarios principales en los que la notificación suele ser obligatoria:
- Si se han visto comprometidos los datos personales de clientes, empleados o usuarios. Esto incluye filtraciones, accesos no autorizados o pérdida de información sensible.
- Si el ataque afecta a servicios esenciales o infraestructuras críticas, o puede repercutir en la continuidad operativa de terceros.
- Si existe un riesgo significativo para los derechos individuales, la reputación corporativa o la estabilidad económica como consecuencia del incidente.
En estos casos, informar no es solo recomendable; es una obligación legal.
Cuando puede gestionarse internamente
No todos los incidentes requieren una divulgación pública o regulatoria. Por ejemplo, los intentos de intrusión bloqueados sin acceso efectivo, los incidentes internos sin exposición de datos o las fallas técnicas corregidas rápidamente sin impacto externo pueden gestionarse dentro del marco de gestión de seguridad interna.
Aun así, sigue siendo recomendable documentar el incidente, reforzar los controles y revisar las políticas de seguridad para prevenir su recurrencia.
Una buena comunicación protege la reputación
Contrario a lo que muchas organizaciones creen, comunicar un incidente con transparencia controlada a menudo fortalece la credibilidad. Los clientes y socios comprenden que ningún sistema es invulnerable; lo que realmente evalúan es cómo se maneja la crisis.
Una comunicación clara, sin alarmismo pero honesta, combinada con medidas correctivas y un compromiso demostrado con la seguridad, puede convertir un incidente en una oportunidad para mostrar la madurez organizacional.
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Preparación previa: el factor diferenciador clave
Las organizaciones que gestionan los ciberataques de manera más efectiva generalmente ya cuentan con:
- Planes formales de respuesta a incidentes
- Protocolos legales y regulatorios definidos
- Equipos técnicos preparados o socios especializados
- Estrategia de comunicación de crisis
- Ejercicios de simulación periódicos
No se trata solo de prevenir los ataques, sino de estar preparados para responder de manera adecuada cuando ocurren.
Conclusión
Ocultar un ciberataque rara vez es la mejor opción. Las regulaciones europeas y francesas exigen transparencia en muchos casos, y la experiencia demuestra que una gestión profesional combinada con una comunicación adecuada reduce los riesgos legales, financieros y reputacionales.
La cuestión ya no debería ser si divulgar o no, sino cómo hacerlo correctamente, cuándo hacerlo y bajo qué estrategia para proteger tanto a la organización como a las personas afectadas.
* Los datos personales serán cifrados
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Referencias
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